Empezar una carrera artística después de los 40 no significa empezar desde cero. Significa empezar con una mirada que antes no tenías.
Hay una pregunta que aparece con demasiada frecuencia cuando hablamos de empezar a crear después de cierta edad:
¿No es demasiado tarde?
A veces no se formula exactamente así.
Se transforma en otras preguntas:
¿Quién me va a tomar en serio si nunca he expuesto?
¿Tiene sentido empezar ahora cuando otros artistas llevan veinte años construyendo una trayectoria?
¿No debería haber encontrado ya mi estilo?
¿No soy demasiado mayor para considerarme un artista emergente?
Y quizá la pregunta más incómoda:
¿Qué estoy esperando para empezar?
Durante mis vacaciones en la playa pensé bastante en esto.
No estaba pensando en mi carrera artística.
Al menos no conscientemente.
Estaba mirando.
El ruido y la mirada
Durante esos días descubrí algo que ya había experimentado otras veces: el mar no elimina el ruido que llevamos dentro, pero puede sustituirlo por otro.
El sonido de las olas es constante.
No tienes que decidir nada.
No tienes que producir.
No tienes que demostrar que estás haciendo algo útil.
Puedes simplemente mirar.
Y cuando miras durante suficiente tiempo empiezas a descubrir cosas que antes estaban ahí, pero que no habías visto.
Eso me ocurrió con unas conchas.
Mi mujer y mi hija llevaban varios días recogiendo pequeñas conchas en la playa. Yo también había buscado algunas, incluso alejándome de la orilla para intentar encontrar algo diferente.
Sin demasiado éxito.
Hasta el último día.
Mientras ellas seguían buscando, yo dejé de hacerlo.
Y entonces apareció una concha bastante más grande que todas las que habíamos encontrado hasta ese momento.
No era una concha extraordinaria.
Pero me hizo pensar.
Porque llevaba varios días buscando algo parecido.
Y apareció cuando dejé de perseguirlo.
Empezar después de los 40 no es empezar desde cero
Creo que existe una idea equivocada sobre lo que significa comenzar una carrera artística después de los 40.
Pensamos que empezar significa no tener nada.
Pero alguien que llega al arte después de los 40 no llega vacío.
Llega con cuatro décadas de experiencias.
Ha tenido trabajos.
Ha perdido cosas.
Ha conocido personas.
Ha cometido errores.
Ha viajado.
Ha tenido relaciones.
Ha visto cambiar el mundo.
Ha acumulado imágenes, conversaciones, obsesiones, miedos, recuerdos y contradicciones.
Todo eso puede convertirse en materia artística.
El problema es que muchas veces no sabemos reconocerlo como tal.
Nos comparamos con artistas que llevan años produciendo obra y pensamos que tenemos que recuperar el tiempo perdido.
No podemos.
Y tampoco hace falta.
Tu ventaja no es recuperar veinte años.
Tu ventaja es tener veinte años que contar.
El artista emergente no tiene una edad
La expresión artista emergente puede resultar extraña cuando tienes 45, 50 o 60 años.
Parece que «emergente» debería significar joven.
Pero no habla necesariamente de edad.
Habla de trayectoria.
Un artista puede tener 25 años y llevar años exponiendo.
Y otro puede tener 55 y estar preparando su primera exposición.
Los dos pueden estar en una etapa emergente de su carrera.
Por eso, si tienes más de 40 años y todavía no has expuesto, no necesitas fingir que llevas una trayectoria que no tienes.
Necesitas empezar a construirla.
Una obra.
Un proyecto.
Una serie.
Una presentación.
Una primera exposición.
Después otra.
Y después otra.
No necesitas tener una carrera artística consolidada para empezar a comportarte como un artista.
Necesitas empezar a trabajar como uno.
Pero antes hay que dejar de esperar
Aquí aparece uno de los problemas más frecuentes.
Esperamos a estar preparados.
Esperamos encontrar nuestro estilo.
Esperamos tener suficientes obras.
Esperamos que alguien nos descubra.
Esperamos una galería.
Esperamos sentirnos artistas.
Y mientras esperamos, pasan los años.
No creo que encontrar tu lenguaje artístico sea algo que ocurra antes de empezar.
Creo que ocurre porque empiezas.
Tu lenguaje aparece después de hacer muchas fotografías.
Después de equivocarte.
Después de abandonar ideas.
Después de repetir determinados gestos.
Después de descubrir qué temas vuelven una y otra vez aunque intentes escapar de ellos.
Por eso quizá no deberíamos preguntarnos:
«¿Cuál es mi estilo?»
Sino:
«¿Qué estoy haciendo de forma recurrente sin darme cuenta?»
Ahí puede empezar a aparecer una respuesta.
La primera exposición no debería ser el objetivo final
Si nunca has expuesto, es fácil convertir la primera exposición en una especie de examen.
Como si alguien tuviera que certificar que ya eres suficientemente bueno para estar allí.
No funciona así.
Una primera exposición debería ser una consecuencia de haber desarrollado un proyecto que necesita ser mostrado.
La diferencia es importante.
No empieces pensando:
«»Necesito conseguir una exposición.»»
Empieza pensando:
«»Necesito desarrollar una obra que merezca ser mostrada.»»
Después vendrán las preguntas prácticas:
¿Cómo preparo un dossier artístico?
¿Cómo selecciono las obras?
¿Cómo encuentro un espacio?
¿Cómo presento mi proyecto?
¿Cómo contacto con una galería?
¿Cómo consigo mi primera exposición?
Todas son preguntas importantes.
Pero vienen después.
Quizá no hayas llegado tarde
He vuelto muchas veces a aquella concha desde que regresé de la playa.
No porque crea que escondía una gran enseñanza.
Sino porque me recuerda algo sencillo:
no todo aparece cuando lo estás buscando.
A veces necesitas reducir el ruido.
Mirar.
Esperar.
Trabajar.
Y volver a mirar.
Si tienes más de 40 años y llevas tiempo pensando que quieres desarrollar una carrera artística, quizá no necesites preguntarte si es demasiado tarde.
Quizá necesites preguntarte otra cosa:
¿Qué obra empezaría a existir si dejara de esperar a sentirme preparado?
Puede que todavía no tengas una exposición.
Puede que no tengas galería.
Puede que nadie conozca tu trabajo.
Puede incluso que todavía no sepas exactamente qué clase de artista eres.
No pasa nada.
Eso no significa que no seas capaz de empezar.
Significa que estás en el principio.
Y los principios tienen una característica que solemos olvidar:
todavía no sabemos cómo va a terminar la historia.
